Magnífico sprint el vivido ayer en la cuarta etapa de la Vuelta a Suiza. Juventud contra veteranía; dos portentos físicos, uno en construcción y otro en plenitud; Sagan contra Hushovd. Ganó el noruego, más por experiencia que por fuerza al eslovaco. Seguro que a Hushovd Sagan le recuerda a él mismo en sus inicios y éste ve en al corredor de Garmin-Cervelo un buen espejo al que mirarse.

Thor Hushovd.

Hushovd era un corredor demasiado pesado cuando pasó a profesionales (en aficionados llegó a pesar casi 100 kilos) aunque ese peso le convertía en una bestia en los sprints en el campo aficionado. Era capaz de competir con los demás sprintando incluso sentado, como hizo en el Mundial sub23 de Valkenburg, y por supuesto de ganar, como en la París-Roubaix o la París-Tours. Probó como stagier a finales de 1999 con el Credit Agricole y con ellos se quedó hasta 2008, cuando fichó por Cervelo.
Con el equipo francés logró decenas de etapas al sprint y fue, poco a poco, moldeando su cuerpo para dejar de ser un velocista solo apto para llegadas planas a un corredor todoterreno que puede incluso con las cuestas en plena forma. Gracias a ello, logró el maillot verde del Tour en 2005 y lo ha intentado en otras ocasiones arañando puntos gracias a escapadas kilométricas en etapas de montaña, allí donde los sprinters puros no llegan.
Su primera victoria en el Tour de Francia data de 2002, en la 18ª etapa, entre Cluses y Bourg-en-Bresse, la inmediatamente posterior a las jornadas alpinas. Una tempranera escapada en el kilómetro 4 con corredores del nivel de Van Bon, Dekker o Jaschke, sin aspiraciones en la general y en la jornada como previa a la contrarreloj final les daba muchas opciones para llegar a meta y jugarse la etapa entre ellos. Fue el día de Hushovd, que logró deshacerse de todos sus compañeros de escapada y jugarse la victoria en un apretado sprint con Christophe Menguin. He aquí un resumen de aquella etapa.
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¡Vaya temporada firmó este equipo en 1998! El Post Suisse fue una de las sorpresas de la temporada y llegó a correr la Vuelta a España como equipo invitado tras su excelente Vuelta a Suiza y un buen palmarés acumulado durante el año. Pero vayamos por orden. Donde explota este equipo es en su prueba, con tres triunfos de etapa y presencia en todas y cada una de las escapadas. Le dan salsa a la carrera y además rematan, ya que lograron dos triunfos parciales de la mano de Niki Aebersold, casi consecutivos, y otro con Markus Zberg.

Niki Aebersold, del Post Suisse'98.

El premio a su combatividad fue disputar La Vuelta, y el pago a la organización por su confianza fueron dos victorias de etapa, entre ellas la última en Madrid. Si el protagonista en Suiza fue Aebersold, en España fue Markus Zberg el que se llevó los honores. Tras su gran campaña, ambos abandonaron la disciplina del Post Suisse para emigrar al Rabobank, donde ya corría Beat Zberg, hermano de Markus.
Niki Aebersold y el Post Suisse fueron los protagonistas de la llegada de la Vuelta a Suiza a Huttwil en 1998, con un recorrido final calcado al de la etapa de hoy. Era la séptima etapa y el suizo anduvo escapado con Dekker y Roscioli, a los que dejó en el puerto de tercera previo a la cuesta de llegada para acabar en solitario. Toda una exhibición de fortaleza y fe en el éxito. Además, un joven Robbie McEwen protagonizó la anécdota de la carrera al creerse ganador de la etapa y entrar en meta levantando los brazos. El pelotón había alcanzado metros antes a Dekker y Roscioli. El australiano desconocía que Aebersold ya había degustado el triunfo.
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Si esta mañana comentábamos el descubrimiento en 1996 de Peter Lutenberger en el Grosse Scheidegg, ahora, la ascensión de esta tarde de Damiano Cunego, nos ayuda a enmarcar el último paso por este extraordinario puerto que conduce hasta Grindelwald. Se produjo en el año 1999 y los protagonistas en sus rampas fueron Gilberto Simoni y Francesco Casagrande. El trentino se adjudicó la etapa y se enfundó el maillot amarillo, mientras que para el toscano la gloria aguardaba al final de la Vuelta a Suiza, que se acabaría adjudicando, lo que suponía un regreso por la puerta grande tras estar más de un año apartado de las carreteras por un caso de dopaje.

Cunego y Simoni en el podio del Giro 2004.

Con esta victoria, su segunda como profesional, y el tercer puesto en el Giro unas semanas antes, Gilberto Simoni entraba entre los grandes y fichaba al año siguiente por el Lampre. Curiosamente, con los años y dos Giros en su palmarés, Simoni veía crecer a su lado a un joven y prometedor corredor, que había sido campeón mundial júnior, llamado Damiano Cunego. Discípulo y maestro se juntaron en el Giro’04 en el potente Saeco. La jerarquía ciclística decía que Cunego debía supeditarse a Simoni, pero no fue así, y el discípulo acabó arrebatándole el Giro al maestro. Desde ese momento, su relación ya no fue la misma. Hoy, pese a no ganar la etapa, Cunego se ha vestido el maillot de líder, como hizo hace doce años su antigua maestro, Gilberto Simoni.
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La Vuelta a Suiza vive hoy una de sus jornadas clave. La llegada a Grindelwald siempre es sinónimo de montaña y espectáculo. En tres oacasiones ha llegado la carrera a esta población que no llega a los 4.000 habitantes; la primera en el lejano 1956 con victoria para un ciclista con apellido ilustre Josef Planckaert; las otras dos, ya en la década de los noventa. En ambas ocasiones, el ciclista que venció la etapa se hizo con el maillot de líder. El último fue Gilberto Simoni, en su primera gran victoria como profesional, en el año 1999. Tres años antes, se produjo la otra llegada a Grindelwald y tras subir antes, como hoy, el Grosse Scheidegg: un puertaco de casi 19 km y pendiente media del 7,2%. El protagonista fue Peter Luttenberger.
Este ciclista austriaco irrumpió con una fuerza descomunal en la séptima etapa de la Vuelta a Suiza de 1996. Pasó de ser un semidesconocido a todo un ciclista ‘hors categorie’, y todo por unos espectaculares meses de junio y julio, en los que ganó aquella Vuelta a Suiza y cocnluyó 5º en el Tour de Francia.

Luttenberger, seguido de Riis en el Tour'96. http://www.elpedaldefrodo.com

Militaba en el equipo Carrera, y en el año de la ausencia de Marco Pantani, por su caída en la Milán-Turín de la campaña anterior, su facilidad para la escalada y su menudo cuerpo hicieron recordar al mito de Cesenático. Pero fue flor de un día. Luttenberger nunca pudo igualar, ni acercarse, a su estado de forma de aquellos dos meses de 1996. Fichado como estrella por Rabobank al año siguiente, fue un fiasco total acabando 13º el Tour. Mejoró algo con ONCE los dos años siguientes trabajando para Olano o Jalabert, pero los focos y los micrófonos ya no buscaban a Luttenberger. Tampoco en Tacconi ni en CSC, donde volvió a ser 13º en 2003. Acabó su carrera en 2006.
Pero para el recuerdo nos queda su maravillosa ascensión al Grosse Scheidegg en la Vuelta a Suiza de 1996.
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En La Toussuire, donde la pájara de Landis y Mayo se volvió a senti ciclista, Bradley Wiggins se ha llevado su segunda prueba por etapas. Nada menos que el Dauphiné Libéré 2011. Sin comparación con aquel Herald Sun Tour que abre la temporada austral en las Antípodas. Wiggins se ha llevado la carrera gracias a su mejor prestación contrarreloj que sus acompañantes en el podio, Evans y Vinokourov, pero sobre todo porque ha aguantado todos los envites en las cuestas, el talón de Aquiles de cualquier corredor nacido en la pista. Ha subido incluso mejor que en el Tour de Francia de 2009, avanzando una progresión que recuerda a otro fenómeno británico de la pista: Chris Boardman.
El escocés irrumpió en la campaña 1993 en el pelotón internacional de la mano del Gan y lo hizo con victorias contrarreloj como el GP Eddy Merckx y el Mundial de Sicilia y el prólogo del Tour al siguiente, pero sin nunca dar señales de cierto poder en la montaña. Hasta la campaña de 1995.
Detalles en el Midi Libre, extinta prueba que se corría antes del Dauphiné Liberé, hacía presagiar algo, una mejora, pero nada que hiciera pensar que pudiera aguantar en las cumbres a Virenque y disputarle el triunfo en el Dauphiné a Miguel Indurain. Y así fue, gracias a su ascenso con los mejores a La Croix de Fer, como hoy Wiggins, y su puesto de honor en la llegada a Vaujany. Al día suguiente en Grenoble, Boardman concluía segundo y planteaba la duda al mundillo ciclista si podría repetir semejante actuación en el Tour de Francia. No lo logró, pero valió para demostrar que Boardman era mucho más que un ganador de prólogos.
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Uno de los mayores mitos del ciclismo tiene a su hijo Moreno a punto de dar el salto a profesionales. Francesco Moser vio retirarse hace poco a su yerno Gilberto Simoni y verá al año que viene a su vástago, seguramente, en el Liquigas. Esos rumores salen en Italia estos días sobre Moreno Moser, 20 años y ciclista muy rápido, que ayer se impuso en la primera etapa del GiroBio (antiguo Girino o Giro diletante).
Francesco Moser no era un vueltómano. Sus tres París-Roubaix, dos Lombardías y una San Remo, además de dos títulos mundiales hablan de un ciclista excepcional para las pruebas de un día. Moser paseaba su clase por el pavé como si volara. Además, fino y elegante como pocos, fue la referencia en las pruebas contrarreloj en la época post-Merckx. Tanto, que se atrevió con el Récord de la Hora de El Canibal, y lo superó, siendo el primero que buscó soluciones e innovaciones en la bicicleta para ganar aerodinámica y vencer la resistencia al viento. Pero con todo esto, en Italia, no se habita en el templo reservado a los dioses de la bicicleta sin vencer el Giro.
Pese a las críticas desde el exterior acusando a la organización de planificar recorridos muy suaves para que los dos ídolos italianos de la época, Saronni y el propio Moser, vencieran en la ‘corsa rosa’, Francesco alcanzó la maglia rosa final en el Giro de 1984 por delante de Fignon y Argentin. Con este éxito, Moser alcanzaba la inmortalidad ciclista.
En este video os dejo un resumen muy interesante de ese Giro’84.
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¿El sucesor de Zabel?

Publicado: junio 10, 2011 en 1994, Erik Zabel, París-Tours

Palabras mayores, nombres que han marcado una época y calificativos superlativos está recibiendo la nueva joya del HTC. John Degenkolb está subiendo muchos escalones en su primera temporada en el World Tour y con tan solo 22 años. Las últimas alabanzas han llegado de su propio director, Brian Holm, quien dice de él que es “una mezcla entre Mark Cavendish y Erik Zabel”. Casi nada. Aunque si echamos un vistazo a sus victorias en 2011, la comparativa no parece hinchada.

Erik Zabel en el Tour de Francia 1997. Jorge Tabuenca


Tras algunas victorias menores, el primer golpe de atención lo dio en el GP de Frakfurt en mayo y la puntilla han sido sus dos triunfos de etapa en el Dauphiné Libéré, y en dos sprints muy diferentes; el del martes en Lyon en un repecho y el de ayer en Mâcon en unos metros finales totalmente planos. Degenkolb va dejando detalles de que no es un sólo un sprinter y que las grandes clásicas del calendario pueden ser su hábitat natural. Tal y como hizo Erik Zabel en los 90. Cierto es que nunca pudo con Flandes o Roubaix, pero fue el amo y señor de Milán-San Remo durante una década, ganó tres París-Tours, una Amstel y la Copa del Mundo de 2000, además de dos platas y un bronce en mundiales.
Pero más allá de las proyecciones de futuro, Degenkolb recuerda a Zabel a la hora de esprintar. La última imagen que nos ha quedado en la retina de Zabel es la de un ciclista fino para el sprint que ganaba más por astucia y colocación que por poderío. Pero no era así en sus inicios, y en ellos sí que se asemeja a Degenkolb: potentes y arrastrando un desarrollo brutal, apoyados ambos en un poderoso tren inferior.
Como muestra, puede servirnos la primera gran victoria de Zabel en una gran clásica. Fue la París-Tours de 1994, en la que el corredor del Telekom sorprendía a Cipollini y se hacía con el éxito, seguido de Bortolami y Spruch.
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